Los emojis, sentimientos y marcas

Por Iñaki Zubiaur

El uso de los emojis aumentó drásticamente en los últimos años y las marcas no se podían quedar afuera del fenómeno. La aerolínea Air New Zeland es muestra de ese auge, ellos crearon su “ruta de emojis”: en la web aparece una ventana donde se pueden elegir distintas actividades, como por ejemplo zonas de tradicionales y ricas en historia o zonas de bares, representadas en emoticones, y el buscador las plasma en distintas zonas de las regiones del país.

Eso no termina allí. En el Media Party, presentado este año en el Centro Cultural Konex, Jennifer Lee, una de las referentes del mundo de los emoticones y creadora de Emojination.org (organización sin fines de lucro que ayuda a todos aquellos que quieran proponer nuevos íconos), se reunió con otros referentes argentinos para proponer, en la convención de la Unicode en New York, que el mate forme parte del abanico de opciones que ofrece WhatsApp, Facebook y Twitter, entre otras redes.

Las cifras juegan a su favor: hoy se usan 6 billones de emoticones por día, afirma la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona en un estudio sobre el tópico. En principio fueron pensados para el internet y luego se expandieron a distintas plataformas. Apple fue el primero en crear una base estandarizada de estos símbolos, pero las cantidades (actualmente 2784, dictamina Unicode) no dejan de incrementarse, dado a su gran uso no solo en las pantallas sino fuera de ellas, en objetos como remeras, tazas y hasta la gestualidad real. En Estados Unidos también en representación a distintos partidos políticos; las marcas también suelen usarlos.

La comunicación es esencial para la vida y estos símbolos nos ayudan a la gestualidad perdida en las redes. Sus significados en culturas distintas, mismo dentro de un país, pueden variar levemente pero su real poder de sentido es tomado en los distintos contextos, es decir en los distintos contenidos del texto/imagen o mensaje. Por ejemplo, en un renglón que diga “que buen día” un pequeño rostro triste puede dar un tono más irónico o quizás angustioso, mientras que una sonrisa o un pulgar en alto dan un sentido estrictamente opuesto a la ironía o la angustia. Los emojis acompañan al texto y las palabras a ellos, ambos son por separado (los símbolos o las imágenes también tienen su significado) pero juntos se potencian para dar un cierto y buscado significado del mensaje. Como afirma la universidad barcelonesa, “entender su funcionamiento y sus usos —el de los emoticones— nos presenta una oportunidad de investigar sin barreras al lenguaje”. Lynda Kaye, especialista en el tema, afirma que “los emojis son considerados como una herramienta no verbal y que implica una relación de una capacidad mejorada de expresar el significado o la intención emocional del mensaje”. Sin embargo, otros investigadores (R. Kelly & Watts, 2015) asumen que “hay ciertos caracteres menos claros en su comunicación de sentimientos y emociones intencionales” y defienden un punto muy interesante: “los emojis existen para preservar la fuerza de las relaciones interpersonales”, podemos imaginar que por las distintas simbolizaciones de la realidad interpersonal, como caras, expresiones físicas, lugares, deportes, comidas, etc.

Los millenials, afirma el mismo informe, son los que más usan este recurso y comparados con las anteriores generaciones pertenecen al grupo de personas más comunicadas: los limites (lugares, modos, etc.) de la comunicación y sus mismos mensajes, son casi infinitos. Esto no significa que los más jóvenes sean los únicos que usen este tipo de codificación, ya que estudios de la Universidad ya citada demuestran que el uso de emojis en las generaciones anteriores, hoy en día, prácticamente se equipara al de los que “ya nacieron con un celular en la mano”. El uso se asemeja, su modo también y además su justificación de su puesta en acción: las emociones.

El estudio llevado a cabo muestra que, en la mayoría de las veces, los emoticones sirven para comunicar sentimientos. La idea de la muestra de los sentimientos es una idea asociada naturalmente a la mujer, estereotipo que la generación millenial trata de diluir. Sin entrar en el tema, podemos acreditar que, en los jóvenes, las mujeres y los varones usan los símbolos de igual manera y en cantidades similares y, en los mayores, el uso de ellos se estabiliza bastante aunque la mujer predomina en mayoría de utilización de los símbolos.

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