Todos mentimos…

Por Iñaki Zubiaur.

Desconfiemos, porque las fake news nos acechan día a día. Quizá para decirnos lo que queremos oír, quizás porque hoy todos pueden hacerlo. Desde Admix 360, lo conversamos con Hernán Cappiello e interpelamos al trabajo de Mariano Besada La encrucijada de las fake news, los usuarios y los medios.

El número dos de la lista de los más buscados del FBI, la ayuda a ella, que la encabeza. Están en una  ciudad de Estados Unidos y tienen que escapar. Los persigue la policía. Ellos entran a una casa normal en un barrio normal. Adentro una gran cantidad de jóvenes manejan la operación: son los “creadores de rumores”. En una sala larga y oscura, más de veinte servidores poseen miles de cuentas en redes sociales. Con ellas hacen magia. Después de tomarles unas fotos, crean rumores (o fake news) desde esos miles de usuarios. Cada usuario la muestra en un lugar distinto de la ciudad. Así es como despistan a la policía para poder penetrar la frontera.

Esto podríamos decir que es un capítulo de The Blacklist y nada más, pura ficción, pero la verdad es que todo esto no está tan lejos de nosotros. Por lo menos Hernán Cappiello, periodista de La Nación, no lo cree. “Las agencias de difusión falsa de información existen”, afirma.

¿Qué mejor noticia para los agentes interesados en divulgar este contenido falso entre la sociedad que la viralización? Sí, es cierto que estos agentes difunden datos “sucios” para confundir, pero, la mala noticia, es que nosotros tenemos un gran porcentaje de la culpa de que salgan victoriosos con su plan.

¡Qué mentirosos somos!

Cappiello afirma que “con la baja alfabetización mediática de las audiencias, es muchísimo más probable que este tipo de campañas y contenidos sucios concreten su objetivo”. ¿Quién no ha compartido en Facebook una noticia sin tener en cuenta que realmente puede ser falsa? Mejor aún, ¿quién no ha compartido un chat, una foto, un video, un audio en WhatsApp sobre cómo “hay más gente durmiendo en la calle” o algo por el estilo, cuando un conocido lo comparte?

De ahí un gravísimo problema que Cappiello cree posible en nuestro celular, en nosotros, a lo largo de éste año de elecciones. “Uno de los métodos en la comunicación política que va a ser la `vedette´ en la campaña electoral, seguramente, va a ser WhatsApp. En comunicación política, el WHP se basa en el establecimiento de redes de contacto en las cuales se difunden contenidos vinculados con tu candidato. Esos contenidos, no tenemos certeza de que sean veraces y se van a viralizar en distintas redes. Y entonces la regla de confiabilidad sobre la información va a ser la de que `yo te creo porque sos mi amigo´”.

Un dato llamativo sobre la problemática es que los mayores difusores de noticias falsas en Facebook, según un estudio publicado en Science Advances, son personas mayores a 65 años.

El periodismo y la información.

Lamentablemente, muchos de estas partes interesadas por confundir la discusión pública son los mismos que hacen política. Las famosas “campañas sucias”. “Esto es un problema que afecta muy hondo. Si basamos discusiones públicas en datos falsos, vamos a llegar a resultados erróneos, se van a basar decisiones en hechos falsos” —sostiene Hernán Cappiello—. Y continúa: “Nuestra información (la que los periodistas poseen y publican), incide en la formación de opiniones, entonces nuestras informaciones, van a determinar, en alguna medida, el debate y las elecciones públicas; entonces las fake news afectan el sistema democrático, porque me inducen al error por ejemplo en elecciones tan importantes como las presidenciales”. Más tarde, el periodista de La Nación, afirma que la responsabilidad de los periodistas trasciende lo informativo y se inscribe en una “responsabilidad política”. Miente, miente, que algo quedará.

Mariano Besada, periodista y docente de la UCA, en su estudio La encrucijada de las fake news, los usuarios y los medios, expone un ejemplo increíble en el que José Barreda, libre, se hace pasar por un anciano el cual fue abandonado y entonces una chica sube un post mostrando la situación de abandono al anciano y, de alguna manera, tratando de hacer que “la familia” se arrepienta. Ni la chica ni los 7045 usuarios que compartieron el post sabían quién realmente era, hasta que un periodista advirtió el error. Esto es un claro ejemplo de la tarea periodística. Besada y Cappiello sostienen que los periodistas tienen la obligación de hacer periodismo, es decir informar con la verdad y la mayor objetividad posible, y que ésta profesión bien ejercida es la salida de la desinformación.

La “noticia deseada”.

Según Besada uno de aristas del problema es “La noticia deseada”. ¿Qué es esto? Las noticias falsas circulan “Y circula porque no sólo hay productores de desinformación sino que, además, hay un público ávido de escuchar lo que Miguel Wiñazki (periodista) llama La noticia deseada. `Vivimos bajo el imperio de la noticia deseada. Aquella que la opinión pública quiere creer (…) Impera el deseo y no la información”.

Mariano explica que es deseada en cuatro sentidos: por las audiencias, que prefieren ver expuestas sus creencias en los medios, antes que la información que las contradiga; por el sistema político que prefiere propagandizarse a asumirse contradicho por la información; por los dueños de los medios, cuando prefieren editar aquello que coincida con sus audiencias y no la eventual información que difiera de lo que sus audiencias esperan; por los periodistas, cuando prefieren reafirmar sus creencias respecto de los hechos, antes que la descripción de los hechos mismos.

“La información desactiva a la noticia deseada y viceversa´”, escribe en el estudio Besada.

No todo está perdido

Tanto las audiencias como los periodistas pueden hacer cosas contra las fake news. Hernán Cappiello propone algunos métodos para pelear en contra de las noticias falsas desde casa: la alfabetización mediática, verificar las fuentes originales, no compartir la información hasta no estar seguro de su veracidad, utilizar herramientas (por ejemplo la de Google) para verificar que una imagen no haya sido publicada en el pasado, o para otro hecho completamente distinto y, por supuesto, desconfiar.

Para el periodista Mariano Besada, una solución es: “hacer periodismo contra el público”, tomando la explicación de Martín Caparrós, “contar las cosas que muchos no quieren saber”, o que no quieren escuchar. Incendiar el campo fértil para la germinación de fake news. Además, me importa remarcar que el rol del periodista es fundamental. El periodismo real. Sin los que filtren, difundan y aclaren el panorama, mentirán y mentirán y nosotros lo creeremos real.

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